El turismo emisor griego marca máximos históricos de gasto mientras la renta real de los hogares sigue un 14,8%, por debajo de los niveles de 2010. 

La economía griega ha dejado de ser el enfermo de Europa para convertirse en uno de los alumnos más disciplinados de la clase. Según la previsión de primavera de 2026 de la Comisión Europea, el PIB avanzará un 1,8% en 2026 y un 1,6% en 2027, por encima de la media de la eurozona. La deuda pública, todavía la más elevada de la UE en términos relativos, ha entrado en una senda de desapalancamiento sostenido: del 146,1% del PIB en 2025 al 140,7% previsto para 2026 y al 134,4% en 2027. El desempleo, que llegó a rebasar el 27% en lo más crudo de la crisis, cerrará este año en el 8,3% y perforará el umbral del 8% en 2027. 

Atenas exhibe, además, superávits primarios sostenidos, grado de inversión recuperado y una agenda inversora ambiciosa: las proyecciones presupuestarias apuntan a que la formación bruta de capital escalará del 16,4% del PIB en 2025 al 17,7% en 2026. El principal riesgo es de ejecución, ya que el Mecanismo de Recuperación y Resiliencia expira en agosto de 2026 con unos 11.400 millones de euros, de los 36.000 asignados a Grecia, aún sin absorber por la economía real. 

Esta fotografía macroeconómica convive con otra bastante menos favorecedora y es la del consumidor. La renta de los hogares griegos permanece un 14,8% por debajo de su nivel de 2010 y el PIB per cápita, ajustado por paridad de poder adquisitivo, ronda el 68-69% de la media comunitaria. Los datos preliminares de Eurostat para 2025 sitúan a Grecia, empatada con Bulgaria, en el último puesto de la UE, 32 puntos por debajo de la media. En este sentido, es posible decir que quince años después del primer rescate, el griego medio sigue siendo, junto al búlgaro, el ciudadano con menor capacidad de compra de la Unión Europea. 

Salarios al alza, precios más rápidos 

La erosión, queda claro, es solo herencia de la década de austeridad, pero también es cierto que la inflación acumulada desde 2021 ha castigado con especial dureza la cesta básica. Entre mayo de 2021 y noviembre de 2025, los alimentos y bebidas se encarecieron un 34,4% y el vestido y calzado, un 31,3%. Para 2026, la Comisión prevé un repunte de la inflación armonizada hasta el 3,7%, inducido por el encarecimiento de la energía, antes de moderarse al 2,4% en 2027. El propio Ejecutivo comunitario advierte de que el episodio “reducirá la renta disponible real de los hogares” y frenará el consumo privado. 

Frente a ello, el gobierno de Kyriakos Mitsotakis ha desplegado una política de rentas abiertamente expansiva. Esta consiste en un salario mínimo que subió en abril de 2026 hasta los 920 euros brutos mensuales, un 4,5% más que los 880 anteriores y un 41,5% acumulado desde 2019. A ello se suman las mejoras de las escalas salariales públicas, las rebajas del IRPF y las reducciones adicionales de cotizaciones sociales previstas para 2027. La recomposición es real, pero también parcial porque los salarios nominales suben con fuerza en la base de la pirámide mientras la inflación de servicios y vivienda, especialmente aguda en Atenas y en los destinos turísticos, absorbe buena parte de la ganancia. 

El resultado es una sociedad de dos velocidades. Esto quiere decir que una parte significativa de los hogares permanece excluida del consumo discrecional. Según la encuesta de ELSTAT sobre turismo de residentes, el 56,4% de los griegos que no viajaron en 2025 alegó motivos económicos como barrera principal. Ese porcentaje acota el perímetro real de la demanda solvente y explica por qué las medias nacionales de renta infravaloran la capacidad de gasto del segmento que efectivamente viaja. En el otro extremo, los profesionales urbanos, los perceptores de rentas del exterior y, cada vez más, los jubilados con pensiones recompuestas han recuperado margen de gasto y lo están canalizando, de forma muy visible, hacia los viajes. 

El turismo emisor, en máximos desde antes de la crisis 

Aquí reside la paradoja que interesa a los mercados receptores: pese a cerrar la clasificación europea de poder adquisitivo, Grecia encadena registros récord de turismo emisor. La balanza de pagos del Banco de Grecia muestra que los pagos por viajes al exterior superaron los 2.800 millones de euros en 2024, batiendo por primera vez el máximo precrisis de 2008 (2.680 millones). En los nueve primeros meses de 2025, el gasto en el extranjero creció un 28,4% interanual, hasta 2.650 millones, con un aumento cercano al 20% en el número de viajeros, y el ejercicio apuntaba a cerrar holgadamente por encima de los 3.000 millones. Más del 80% de ese gasto se concentró en Europa. 

Los datos de 2026 confirman que no fue un pico aislado. En el primer semestre del año, los pagos por viajes al exterior alcanzaron los 1.867,6 millones de euros, un 13% más que en el mismo periodo de 2025, con una aceleración en junio (+17,1%, hasta 360,2 millones). De sostenerse ese ritmo en la temporada alta de salidas, concentrada en verano, puentes y Navidad, el ejercicio 2026 cerraría con un nuevo máximo histórico estimado en la horquilla de los 3.500 a 3.800 millones de euros de gasto emisor, frente a los más de 3.000 millones de 2025.

La estadística de ELSTAT, elaborada con metodología de encuesta y circunscrita a los viajes personales, corrobora la tendencia desde otro ángulo. En 2025 los residentes realizaron 1,19 millones de viajes al extranjero, el 15% de sus desplazamientos vacacionales, con un gasto de 983,7 millones de euros, un 16,3% más que en 2024. El conjunto de la actividad viajera de los griegos, interior y exterior, creció un 11% en viajes y un 11,3% en gasto, hasta los 4.120 millones. De aquí sobresalen en particular dos datos cualitativos: las escapadas cortas de una a tres noches aumentaron un 26,7%, y el segmento de mayores de 65 años avanzó un 24% en viajeros y un 21% en gasto, señal de que la recomposición de las pensiones está alumbrando una demanda nueva. 

En cuanto a los orígenes de los turistas, éste resulta eminentemente europeo. Italia (12,9% de los viajes), Albania (11,9%), Alemania (6,7%), Reino Unido (6,5%) y Francia (5,4%) encabezan la lista de ELSTAT. La conectividad aérea explica buena parte de este patrón, ya que las rutas de mayor crecimiento desde Atenas son a capitales nórdicas y británicas, mientras que desde Salónica dominan las ciudades alemanas y Barcelona, único destino español entre los de mayor expansión. Las bases de las aerolíneas de bajo coste en ambos aeropuertos han abaratado el city break europeo justo cuando parte de la demanda recuperaba renta discrecional. 

Perspectivas: crecimiento estructural con freno cíclico en 2026 

La pregunta que surge a raíz de los indicadores anteriormente mencionados es si este ritmo es sostenible. Los datos de 2026 ya dibujan una respuesta que se aproxima a la moderación, y no al frenazo. El +13% del primer semestre equivale a la mitad del ritmo de 2025, en línea con lo esperable en un año en que el repunte inflacionista erosiona la renta real justo cuando expira el impulso de los fondos europeos y se desacelera el consumo privado. Un crecimiento del gasto emisor del 25-28% anual, por lo tanto, no era repetible. En este sentido, el escenario central es la convergencia hacia tasas de doble dígito bajo en 2026 y de un dígito alto en 2027, con el gasto medio por viaje resistiendo mejor que el número de salidas si la renta real vuelve a comprimirse. 

La tendencia de fondo, sin embargo, es alcista por razones estructurales. Primero, el punto de partida es bajo: con un 15% de viajes al exterior sobre el total, la propensión emisora griega sigue muy por debajo de la de los mercados maduros europeos, lo que deja recorrido. Segundo, la política de rentas (salario mínimo, empleo público, pensiones) seguirá recomponiendo la base de consumo al menos hasta el ciclo electoral de 2027. Tercero, la demografía del nuevo viajero (urbano, sénior o joven profesional, orientado a estancias cortas) encaja con una oferta aérea punto a punto que sigue creciendo. Y cuarto, el propio éxito del turismo receptor griego (8.800 millones de euros de ingresos solo en el primer semestre de 2026, un 14,8% más que en el mismo periodo del año anterior) encarece las vacaciones domésticas y empuja a parte de la demanda nacional hacia destinos exteriores donde percibe mejor relación calidad-precio. 

Para los destinos que compiten por este flujo, la lectura operativa es nítida. El viajero griego es un comprador sensible al precio, pero de gasto creciente, concentrado en Europa, con fuerte estacionalidad urbana (puentes, escapadas, Semana Santa ortodoxa) y canalizado por la conectividad directa desde Atenas y Salónica. España, hoy infrarrepresentada frente a Italia pese a la buena evolución de la ruta Salónica-Barcelona, tiene margen evidente: la combinación de ciudad, gastronomía y precio medio competitivo frente a los destinos nórdicos encaja con el perfil del nuevo emisor heleno. La ventana, además, es ahora: los mercados emisores se fidelizan en la fase temprana de su expansión, no cuando maduran. 

Grecia seguirá siendo en el horizonte cercano el último de la UE en poder adquisitivo, pero la dirección importa más que el nivel. Una clase media que vuelve a viajar tras quince años de contracción es, para la industria turística europea, uno de los pocos mercados emisores del continente con crecimiento estructural por delante.


Carlos Benzaquen es director de ARDUP Corporate Managent. © 2026 ARDUP Corporate Management (ACM) – Todos los derechos reservados